domingo, 24 de septiembre de 2017

DE FRENTES EN ALTO, RADIOS COMUNITARIAS Y MILES DE MANOS COLABORANDO

IMG_1966 - copiaElla estaba afuera de la casa con un abuelo y tres niñas, e hizo la señal para que paráramos la camioneta, pues en unos metros más adelante había maquinaria pesada demoliendo una vivienda. Las despensas venían en la batea, y llegamos a esta calle de terracería para poder librar el tráfico en el centro de la comunidad. Ella y el abuelo se acercaron, platicaron con nosotros, sonrieron y comentaron lo extraño que era ver a tanta gente en su comunidad. No nos dimos cuenta, hasta minutos después, que la casa que estaban demoliendo era la de ellos. Los muebles, apilados bajo una lona, era el único patrimonio que habían podido rescatar. Pronto los sentimientos afloraron en nuestros cuerpos y ofrecimos darles directo una despensa, unos pocos insumos para los tiempos que venían. Sin embargo, el temple de ellos superó por mucho nuestro asombro e incapacidad de acción que sentimos en ese momento. Eran 15 años de esfuerzo por construir un hogar, nos comentaron, a lo que ella agregó que aún tendrían otros 15 más para volverlo a construir.
Decidimos ya no ir al centro de acopio sino tratar de tener un contacto directo con esas familias que esperaban en la calle la demolición de su casa. Los niños jugaban en las calles con los colchones, saludaban a todos los jóvenes y adultos que veían como extraños. Algunas personas pedían despensas, otras más simplemente contemplaban a la nada tratando de entender lo que les había sucedido; unos más buscaban rescatar lo que aún estaba adentro. Un taco y una torta acompañaban a rostros melancólicos, pero con frentes en alto y la seguridad de que saldrían delante de ésta. Eso fue lo que vimos ya al final de nuestro recorrido por Morelos, en La Nopalera, una comunidad muy cerca de Ticumán.

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